
Foto de cantabriajoven.com
Santander no se entiende sin el mar, el líquido elemento que baña la ciudad y que está presente en todo momento.
El centro de Santander mantiene la belleza y la tranquilidad de siempre pudiendo pasear por los muelles deportivos, sus hermosas playas y sus verdes parques.
Pero Santander también ha demostrado ser una ciudad fuerte, ya que ha sufrido algunos terribles percances, como el incendio que asoló los edificios más representativos en el años 1941. Muchos de ellos han sido reconstruidos para recuperar su espíritu.
La Plaza Porticada y El Sardinero
La zona monumental, es en la que podremos encontrar los edificios oficiales, su inicio está en el Paseo Pereda y su final frente a la Casa-Museo y Biblioteca Menéndez Pelayo, que además se ha convertido en un curioso centro comercial.
Una de las visitas obligadas, y podríamos decir incluso que es la que le aporta la gran personalidad a esta hermosa ciudad es sin duda la Plaza Porticada. Allí se dio cita durante muchos años un festival de música todos los veranos que finalmente fue trasladado al teatro que se creó con este fin.
Aunque Santander tiene una gran cantidad de playas, la más famosa y conocida es la de El Sardinero. Son casi tres kilómetros de arena que comienza en la Avenida de La Reina Victoria, donde se encuentra el palacio de La Magdalena, y acaba frente al hotel Chiqui. Si queréis hacer esta ruta andando, la duración aproximada es de dos horas.
Hermosas vistas y lugares para comer
Mientras paseamos nos toparemos con la playa de El Camello, que le debe su nombre a una roca tallada por el mar que recuerda a este animal.
La Plaza de Italia es una de las zonas más hermosas de El Sardinero. En ella encontraremos gran cantidad de edificios de la “belle époque” entre ellos el Gran Casino, que data de 1916. En esta zona se encuentran algunos de los mejores hoteles de la capital.
En Santander comer y cenar se convierte en un auténtico placer, los productos que se utilizan son siempre de primera calidad, entre los que destacan los mariscos, pescados planos, de alta mar o de roca, etc.
Comer, pasear e incluso surfear para los amantes de este deporte, en Santander es algo maravilloso.
Sus gentes son afables y acogedoras y la ciudad destaca por ser especialmente limpia. Aunque el tiempo no siempre acompaña, lo cierto es que la lluvia no sienta tan mal cuando se está en un entorno tan maravilloso como el que muestra Santander.
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